martes, 27 de mayo de 2014

Alejandrina

Llegó la angustia. No se puede hacer nada sino dejar que el cuchillo se hunda cada vez más, y que una mano invisible me impida respirar. No hay defensa posible. Todo pierde su nombre, todo se viste de miedo. Aun el pensar en la poesía como posible salvadora me parece falso, neurótico.


Alejandra Pizarnik

miércoles, 21 de mayo de 2014

...

Uno piensa en metáforas, idea cosas sin sentido. De la simplicidad de sentir, mueve todo al complejo pensar. Arma. Ve nombres, ve libros.
Nada entre medusas, corre peligro.
Descubre movimientos que quisiera hacer, escondido detrás de una canción que cure sus penas, que sacie su sed.
Quise el silencio. Añoré el sonido de las olas con fondo de viento. Deseé tantas cosas, en vano.
Dormí cuando el mundo se abría como un cacao en medio de la selva, dolido por un machete. Cuando me rogaba ojos abiertos, no pestañear.
Nunca entendí las señales. Me dejé caer tras el instinto, ante el primero.
Desabroché un botón que después fue cierre, tomando velocidad. Al igual que una peca sobre piel blanca, propagándose como loca. Queriendo ser mancha, ser algo. Perdurar.
Si faltarán atardeceres en este cuerpo. Si me faltarán...

sábado, 17 de mayo de 2014

Exilio

Esta manía de saberme ángel, 
sin edad, 
sin muerte en qué vivirme, 
sin piedad por mi nombre 
ni por mis huesos que lloran vagando. 

¿Y quién no tiene un amor? 
¿Y quién no goza entre amapolas? 
¿Y quién no posee un fuego, una muerte, 
un miedo, algo horrible, 
aunque fuere con plumas 
aunque fuere con sonrisas? 

Siniestro delirio amar una sombra. 
La sombra no muere. 
Y mi amor 
sólo abraza a lo que fluye 
como lava del infierno: 
una logia callada, 
fantasmas en dulce erección, 
sacerdotes de espuma, 
y sobre todo ángeles, 
ángeles bellos como cuchillos 
que se elevan en la noche 
y devastan la esperanza. 


Alejandra Pizarnik

martes, 13 de mayo de 2014

Los gallos cantan a cualquier hora

Es en la noche, cuando se ven las luces de la ciudad, cuando las montañas lucen luminosas.
En la noche se escuchan aullidos, ruidos de animales salvajes mientras delicadas flores se cierran a la caída del rocío.
En la noche, el tiempo parece no pasar. No hay un sol corriéndose de lugar. Sino que hay una luna inmóvil, mirándote.
En la noche caen todas tus penas, todas tus desdichas. Sos vulnerable al dolor, al amor.
Y las noches, si son frías, son más crueles. Nos hace falta un cuerpo caliente a nuestro lado. Nuestra piel ruega caricias. Así, como nuestra alma, cobijo.

sábado, 10 de mayo de 2014

Éramos unos niños

Espero tus palabras. Tus palabras desde el sur. Palabras que no llegan, que no van a venir.
¿Por qué entonces espero? No me entiendo.
Sos un misterio y lo sabía. Desearía estar dentro de vos, al menos por unos segundos. Y saber qué pensás, qué sentís.
Todo es mi culpa, lo sé.
Las cosas que no se dijeron son cascabeles negros en el corazón, son lirios marchitos sobre el pecho.
Yo te dejé mis palabras. Te dejé todo lo que tengo y vos te cagaste en mí.
Vos te cagás en todo y yo no dejo de quererte.

Canoamar

En lo efímero no hay lugar para el amor. La playa, la noche, las cervezas. El cuerpo afloja y para cuando el morocho te habla, ya sos un algo adormecido.
Bailan. Él marca el ritmo, los tiempos de todo. Bailando las pieles discuten, se indagan, se abrazan.
Él revela hablar francés y eso es definitorio.
Camino de la playa, está su casa. Vive rodeado de vírgenes, de inmensos parlantes pero sin puertas, sin cortinas.
Nos hundimos en sábanas floreadas y yo sumerjo mi cara en sus rizos curtidos de sol. Huelo su piel café. Y descubro en su boca, frutas recién arrancadas. Néctar entre los dientes.
Un sudor nos une pero el fin siempre aparece. Y es entonces cuando pide que me quede, afirmando que la noche es virgen.
En uruguay se dice: "la noche está en pañales" -le digo, mientras voy vistiéndome.
Él insiste pero está decidido, me voy. Ni sé por qué, pero me voy.
De regreso, el mar me persigue. Un vacío me acompaña.
Sin embargo, la arena fría bajo mis pies, confirma que aún existo.

lunes, 5 de mayo de 2014

Rutas al cielo

Nos adentramos en la selva. Hace frío. La humedad es espesa. Cada tanto llueve.
Arriba, en el cielo, una nube negra amenaza el camino.
Mi estómago es un fuego.
De la playa nos vinimos a la nieve. Montañas con picos nevados queríamos.
Ahora estamos en las nubes. Sólo se ve blanco. Tengo miedo.
No quiero morir en las alturas ni en ningún lado. No hoy. Hoy no es día para morir.