sábado, 10 de mayo de 2014

Canoamar

En lo efímero no hay lugar para el amor. La playa, la noche, las cervezas. El cuerpo afloja y para cuando el morocho te habla, ya sos un algo adormecido.
Bailan. Él marca el ritmo, los tiempos de todo. Bailando las pieles discuten, se indagan, se abrazan.
Él revela hablar francés y eso es definitorio.
Camino de la playa, está su casa. Vive rodeado de vírgenes, de inmensos parlantes pero sin puertas, sin cortinas.
Nos hundimos en sábanas floreadas y yo sumerjo mi cara en sus rizos curtidos de sol. Huelo su piel café. Y descubro en su boca, frutas recién arrancadas. Néctar entre los dientes.
Un sudor nos une pero el fin siempre aparece. Y es entonces cuando pide que me quede, afirmando que la noche es virgen.
En uruguay se dice: "la noche está en pañales" -le digo, mientras voy vistiéndome.
Él insiste pero está decidido, me voy. Ni sé por qué, pero me voy.
De regreso, el mar me persigue. Un vacío me acompaña.
Sin embargo, la arena fría bajo mis pies, confirma que aún existo.

1 comentario:

  1. Excelente relato!
    Lindo encuentro. Celebro por ambos.
    Afortunado él.

    ResponderEliminar