martes, 17 de septiembre de 2019

Nadie

Lamento haber dicho
esas palabras
sobre una mesa virtual
No haberlas pronuciando
no salvó mi pellejo

Olvidé cómo nos llamábamos
cómo nos decíamos
el uno al otro
en determinadas circunstancias

Estoy cansada de vivir
De esta rosca
Y de la forma
que iluminan tus ojos
para sentir que no merezco
que nada bueno
podía pasarme
en esta vida
que tengo
o que elegí

Los rayos ultravioletas descansan en mi patio
a la sombra del jazmín

Tu tabaco se apaga
una y mil veces
una y otra vez
Hay puntas y restos
desperdigados
en cada maceta
del jardín

Siempre estás armando
encendiendo tabaquitos
con mi chesquero
que luego encanutás
disimuladamente
en tu bolsillo

Yo lo descubro
tiempo después
cuando la hornalla
de mi cocina
lo requiere

-Fue sin querer
tenía poco gas
estaba al borde
de la muerte-

Son tus excusas
para no devolverlo
y frustrar mis fantasías
de reposición
por uno bic, nuevo
de otro color...
quizás aguamarina

Los textos viejos
son incomprensibles
cuando atraca la noche
No los muestres
siento vergüenza

Me arremolino en el colchón
en ese hueco vacío
que habita la inocencia
y la desesperanza
de no saber vivir

Se apaga la mirada
y los trozos de infinito
languidecen
hasta el sutil parpadeo
que anuncia

nuestro final.

N. G.

Hazme un favor
chiquitito
No
Te
Mates
Me puse a beber como tú

lunes, 22 de julio de 2019

Los adioses

"Continué viéndola y aún la recuerdo así: soberbia y mendicante, inclinada hacia el brazo que sostenía la valija, no paciente, sino desprovista de la comprensión de la paciencia, con los ojos bajos, generando con su sonrisa el apetito suficiente para seguir viviendo, para contar a cualquiera, con un parpadeo, con un movimiento de la cabeza, que esta desgracia no importaba, que las desgracias sólo servían para marcar fechas, para separar y hacer inteligibles los principios y los finales de las numerosas vidas que atravesamos y existimos". 

Juan Carlos Onetti

lunes, 31 de diciembre de 2018

No soñarás flores

J. R.

Lo vi caer por la ventana del living. Primero pensé en un bolso o un paquete de ropa, pero en el fondo sabía que era un hombre. Por eso no me moví, no quería ser yo el que lo encontrara. Una vez me procesaron por agresión a un oficial. No los coy a culpar; le di con una botella en la cabeza y cuando oí el quiebre, no supe si era el vidrio o el hueso. El caso es que me quedé ahí, esperando, hasta que se oyó un revuelo en la vereda. No recuerdo ningún otro ruido. Si usted me pregunta cómo suena un cuerpo que se estrella contra el suelo, yo le digo: no suena, se deposita como algo blando. Cuando me asomé a la ventana pensé que vería un cerebro aplastado contra la baldosa. Pero no, vi la nuca de los que se inclinaban sobre el hombre. Al rato, cuando llegó la ambulancia y despejaron la gente, lo vi acurrucado en la vereda, sin sangre, la ropa apenas desarreglada. Parecía dormido.

Fernanda Trías