miércoles, 4 de diciembre de 2024

Une saison en enfer

Hoy tiré al contenedor 

la obra completa de Rimbaud

en francés y español

que compré hace diez años

insólitamente en Costa Rica

y que cargué nueve meses

como a un bebé en el vientre.

Lo leí infinitas veces

sobre todo de noche, en la carpa

y lloré 

pero más lloré 

cuando sabiéndolo mi objeto preciado,

y especialmente por eso,

lo incendiaste.

-Siempre incineraste lo sagrado-

Me enviaste una foto

de mi libro en llamas

por sino creía en tus palabras

o quizás para mayor sufrimiento.

De veras, esa vez lloré más que todos los niños del mundo.

Tiempo después lo devolviste 

con menos páginas 

y los bordes quemados

como una carcelera carta de amor

que yo atesoré cuan insignia 

de nuestra temporada en el infierno.

Una amiga me dijo:

"esas cosas tienen mala vibra"

así que hoy limpié la casa

y lo tiré al contenedor. 





viernes, 2 de agosto de 2024

El retorno

La calle aún es de tierra y no hay saneamiento. Estamos jugando a las escondidas y la pica se hace en el frente de la casa de Eliana. La mayoría nos escondemos entre los árboles, arbustos y recovecos que hay en el terreno inmenso de la casa del Ale. En una corro tan rápido que aterrizo por la calle de pedregullo, me queda la pera raspada y tajeada, me arde. Me voy a lavar y sigo jugando. Eliana, ambiciosa por hacer un pica por todos los compas, se estrella contra la pared. Se da la cabeza contra el muro casi en posición horizontal. Se rompe el cráneo y le empieza a sangrar la boca, queda desmayada y pensamos que va a morir. Sale el padre, dice que no podemos jugar así y se la lleva para adentro. Dejamos de jugar.

 

Empiezo a andar en bicicleta, mi padre me saca una ruedita y en el pequeño patio de mi casa, ando en círculos y me caigo continuamente. Papá me saca las dos rueditas y me sostiene en la calle agarrando el asiento. Tomo velocidad y equilibrio. Cuando miro hacia atrás, él ya no está. Me caigo y me raspo las rodillas. Le digo que todo es por su culpa.

 

Me tiro en bicicleta por la bajada de Arturo, el dueño de la fábrica de macetas. Pierdo el control y caigo estrellada en la canaleta de mi casa, llena de agua podrida. Lloro. La vecina se ríe sin disimulo a carcajadas.

 

Mariano Arana nos hace la calle. Así dicen los vecinos. Pero seguimos sin saneamiento. 

Tengo ocho años, voy a la almacén de Fernando, a la vuelta de casa. Compro un cigarro. Lo fumo en el baño de casa. Mi madre siente el olor inmediatamente porque en mi casa nadie fuma y me grita enfurecida que qué estoy haciendo. Se indigna que Fernando le haya vendido un cigarro a una niña. 

Me pregunto por qué lo fumé en el baño y no en la esquina u otro lado. Mi psicoanalista dice que quise mostrarle a mis padres que podía hacer cosas de adultos. 

 

Soy adolescente y no me quiero levantar. Pasó el mediodía y sigo durmiendo. Mi padre me despierta muchas veces. Cada vez se pone peor. Me tapo la cabeza con la frazada. Me destapa y me tira un balde de agua en la cara. Despertate, vaga de mierda.

 

Son las 3 a.m. Tengo quince años. Mi padre es taxista y se va a trabajar a esa hora. Espero que se vaya y me escapo para ver a José en el muro de la esquina. Él me encanta. Tiene una boca suave y carnosa, los dientes blancos perfectos y se pasa riendo. Su padre es un mafioso que baja a la parte subterránea del bar La virgen, donde está la timba. Mientras su padre juega, él está conmigo. 

José es una persona realmente dulce y me trata diferente a los demás. Es más tierno que el resto. Chuponeamos horas, hablamos, nos reímos. Así muchas noches. Siempre en ese muro, después de las 3 a.m. Hace poco me enteré que lo mataron de un tiro.

 

Luigi trabaja como vendedor en los ómnibus. Es el padre de mi amiga Vanesa. Los sábados escucha la Karibe con K a todo lo que da. La madre de Vanesa se llama Andrea. Son una pareja extraña. Se tratan como niños, se gritan, pelean, se dan besos, se ríen alevosamente. Se quedan en la cama horas. Mis padres no son así, pienso.

Andrea tenía una verruga idéntica a la mía en la axila. Siempre lo recuerdo. Vanesa hace poco se suicidó. Luigi todavía vende en los ómnibus.

 

Todos los días tenemos cosas que hablar con mi amiga María. Todo el día hablamos y nunca se nos agota qué decir. Por algo somos las mejores amigas. Y todos los días también vamos a hacer mandados juntas. Esta vez hicimos una cola larguísima en la fiambrería y cuando fue nuestro turno y la fiambrera preguntó qué íbamos a llevar. María dijo: ella. Y yo dije: yo no. Vos ibas a comprar, no yo. No, yo no. Nos cagamos de risa. La inercia de nuestras intensas charlas nos acercó hacía ese lugar y dimos por sentado que estábamos ahí por algo. Se parece a la vida misma. 

La fiambrera se ríe, piensa qué pendejas pelotudas y llama al siguiente número.

 

domingo, 21 de agosto de 2022

2019

Ojalá en este año, lea y escriba sin parar.

Y que mi hija sea cada vez más feliz.

Esos son mis deseos para este año que comienza.

domingo, 10 de octubre de 2021

Yo soy tu proveedora de droga

Cuando más limpias te parezcan
Las aguas del lago
Y aún cuando creas
Rebosar de plenitud
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga 

Cuando contemples
Con mirada ascendente y pura
El triunfo de los pájaros
Y la derrota de las olas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga

Cuando vayas al encuentro
De la amada o el amado
Sintiéndote seguro
Del esplendor de sus pupilas
Igual recuérdame
Yo soy tu proveedora de droga

Y no me abandones
Prematuramente
No te comportes
Como un ingrato
Recuérdame siempre
Yo soy tu proveedora de droga


Osvaldo Lamborghini